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  • Foto del escritorEfecto Mcguffin

PRINCIPIOS DE ROSENSHINE (9): REVISIÓN DIARIA


Entramos de lleno en el apartado que hace referencia a la revisión del material objeto de aprendizaje, mediante la evocación, una de las estrategias más poderosas para el aprendizaje a medio y largo plazo. Como veremos, Rosenshine habla tanto de revisión diaria (Principio 1 de su decálogo y el que hoy nos ocupa), como de revisión semanal y mensual (Principio 10). ¿Cuál es la razón de diferenciar ambos tipos de revisión? La diaria tiene como objetivo principal activar los conocimientos previos del estudiante, mientras que la semanal y mensual, como explicitaremos en su propia entrada, tiene un objetivo de perdurabilidad y afianciación de los nuevos esquemas de conocimiento que el alumnado haya podido ir creando en su memoria a largo plazo.


La primera pregunta pertinente es: "¿Por qué es tan importante activar los conocimientos previos de un alumno al principio de una sesión o antes de mostrar nuevo material?"

Vamos a centrarnos en dos de los aspectos más prácticos de esta cuestión:


Entendiendo que nuestro alumnado tiene que ir codificando el significado de aquello que queremos que aprenda mediante constructos (es decir, los pequeños grupos de neuronas interconectadas entre sí a los que familiarmente llamamos esquemas) y que esos mismos esquemas o constructos alrededor de un tema X pueden ser en la mayoría de casos todavía escasos en cuanto a ramificaciones y complejidad, es necesario tenerlos "a punto" en nuestra memoria de trabajo para que se conecten con ese nuevo material (y por ende, vayan afianzándose y creando un constructo cada vez más complejo e interconectado con otros esquemas mentales). Ese proceso libera memoria de trabajo y ésta no solo está más receptiva, sino más preparada para afrontar lo que ese nuevo material (conceptual o procedimental) requiera. Es como tener a los corredores en la linea de salida concentrados y preparados antes de dar el pistoletazo de salido para comenzar la carrera.


Por otra parte, activar esos conocimientos previos también es una manera de hacerlos visibles e identificar inmediatamente cualquier malentendido o información incorrecta que pueda formar parte de esos esquemas "principiantes", con el objetivo de identificarlos y aclararlos o cambiarlos si fuera necesario. No debemos olvidar que existen tantos constructos mentales sobre un mismo tema como alumnos en nuestra aula, por lo que es inevitable que cada uno haga interpretaciones diferentes (a veces, con leves matices, otras llegando a conclusiones completamente opuestas) sobre un mismo tema. Como suelo decir, si las informaciones incorrectas que forman parte de un esquema mental fueran un problemilla nimio y sin importancia, a día de hoy no habría terraplanistas entre nosotros... Es por tanto indispensable identificar esos malentendidos cuanto antes para evitar que se solidifiquen en el esquema de conocimiento que el alumnado está construyendo.


Como se puede entrever, todos los que habéis leído los artículos anteriores al respecto, el apartado de hacer preguntas y chequear la comprensión entra de nuevo de lleno en este otro principio de revisión diaria, pues muchos objetivos son coincidentes, como el que acabamos de explicitar: hacer visible aquello que es invisible a nuestros ojos en el aula.


Una vez más, las preguntas bisagra o los cuestionarios rápidos de múltiple respuesta (mediante programas como Kahoot o las mini-pizarras blancas) son unos recursos rápidos, eficientes y suficientes para llevar a cabo ese repaso diario de lo más importante de la lección de la sesión anterior. En el caso de que no haya sesión anterior, porque empecemos tema completamente nuevo, un debate, o hacerles escribir en una hoja todo lo que saben sobre un tema concreto, son recursos sencillos que se amoldan perfectamente a este objetivo; pero ya que hablamos de empezar un tema, no puedo dejar de comentar dos aspectos que me parecen fundamentales y que cumplen con el propósito de activación de conocimientos previos, aparte de otros igual de importantes, en todo este proceso: la clarificación de objetivos con nuestros alumnos y el relacionar unos temas con otros.


Cuando establecemos objetivos de aprendizaje con el alumnado, no solo marcamos la hoja de ruta proporcionando a nuestros alumnos una buena brújula de los senderos por los que queremos caminar a lo largo del tema, sino que, además, podemos afinar y concretar todavía más esos objetivos en cada sesión donde deban desempeñar algún tipo de práctica. El impacto de este último tipo de objetivos es todavía mayor que el primero, pues los alumnos se concentran y motivan todavía más ante lo que van a hacer que ante lo que deberían poder hacer (Petty, 2023). Una lista de cotejo es un instrumento muy útil en estos casos.


Por lo que respecta a relacionar un tema A con un tema B, por ejemplo, no solo activa esos conocimientos previos, sino que cumple con un requisito que no debemos abandonar nunca en el salón de clases: que nuestro alumnado relacione todo aquello en lo que trabajamos para que sus esquemas se vuelvan más complejos e interrelacionados entre sí y aumente la comprensión de su significado. Comenzar el tema de la Guerra Civil en medio social, por ejemplo, recordando a Miguel Hernández y sus Nanas de la cebolla, en caso que estas se hayan trabajado en lengua castellana, es un recurso sencillo y enormemente efectivo para contextualizar y trabajar evocación, significado, provocar debate y activar conocimientos previos en el alumnado como pocos. Al mismo tiempo, no resulta difícil ligar esa misma guerra civil con hechos históricos trabajados previamente en la misma materia de medio social. Siguiendo con el mismo ejemplo, y ligándolo a la expresión escrita, ¿qué tal proponer una redacción sobre ese tema (texto expositivo) o que esté contextualizada en medio de ese proceso histórico (texto narrativo)?


En materia matemática, nada mejor que previamente hablar de ejemplos cotidianos donde debamos repartir o utilizar material manipulativo (botes de caramelos, folios troceados, estuche de colores...) para introducir el concepto de división, antes de meternos en la harina aritmética pura y dura. En este caso, es especialmente conveniente ir de lo concreto a lo abstracto en pequeños pasos, para afianzar tanto la comprensión conceptual profunda como la mecánica y/o superficial de la división.


¡Activar los conocimientos previos del alumnado es imprescindible y primer paso en el aula antes de empezar cualquier sesión si el aprendizaje duradero y con significado es nuestra meta!


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