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  • Efecto Mcguffin

EXPRESIÓN ESCRITA: UNA EXPERIENCIA

Permitiréis que haga esta entrada desde el subidón que da, en esta profesión, el salir del aula e irse para casa con la sensación de haber provocado muchos "clics" de cambio en las cabezas de muchos de mis alumnos. "Clics" que nacen de la pasión, goce y asombro que han experimentado con una sencilla tarea de revisión de un texto. Ha sido tal la cosa, que al sonar el timbre para irnos (llevábamos 2 horas con la actividad) han sido muchos los que han expresado su frustración por no poder continuar editando, quejándose de lo rápido que les había pasado el tiempo.


Vaya por delante que eso no es lo habitual (al menos en mi aula), por lo que no trato de "vender" una realidad que se suele dar en cuentagotas a lo largo de un curso, pero como ha dicho mi estimado Josep Meseguer en Twitter, "Por eso tienen tantísimo valor cuando se producen. Y sería de ignorantes ingenuos pretender que fuesen así todas las horas. Se intenta hacerlo bien siempre, pero hay muchas variables y no siempre se puede salir con tan buenas sensaciones." Pues bien, ahí van cuatro pinceladas de cómo ha transcurrido la maratoniana sesión y el contexto general:


Tanto en lengua catalana como castellana, cada mes dedicamos nuestras lecturas en estos dos idiomas a algún libro, obra, personaje de ficción o autor a partir de los cuales trabajamos comprensiones lectoras, algún dictado, aspectos gramaticales, biografías, contextos históricos...y expresión escrita. Este pasado mes de octubre/noviembre lo dedicamos a Sherlock Holmes, al igual que en septiembre/octubre el protagonista absoluto fue esa pequeña maravilla que es "La isla del tesoro", del gran Robert Louis Stevenson.


Volvamos a Sherlock Holmes. Si hay una obra que sabía que no podía faltar era, quizás, la más celebérrima de Conan Doyle y su inolvidable detective londinense: "El perro de los Baskerville". Preparar este tipo de trabajos en verano permite hacer cosillas tan simples como distribuir para esos dos meses del año una obra, que más allá del género detectivesco, puede calificarse de terror, con lo que imaginad lo que fue leer fragmentos del libro referentes a la leyenda del perro de los Baskerville haciéndolo coincidir en la semana de Halloween. Eso sin contar que, una vez acabado ese centro de interés, en pleno apogeo de la celebración, pudimos hacer una sesión con la excelente película de 1959 dirigida por Terence Fisher e interpretada por Peter Cushing y Christopher Lee, que les fascinó: ¡Viva el cine clásico!



Puestos ya en el tema, al cabo de un par de semanas, y a modo de "evocación", les pedí en la hora de castellano que hicieran una pequeña redacción (entre 100- 150 palabras) sobre la leyenda de los Baskerville y el satánico perro que los amenazaba. Las reglas, esta vez, eran que podían escoger entre evocar fielmente la leyenda tal como la recordaban o reconstruirla a su gusto para añadir o quitar pasajes de ella, pudiéndose inventar cualquier aspecto que quisieran.


Cada alumno realizó esta redacción sin más puntos a tener en cuenta. Los lanzaba de lleno a una piscina, consciente que la mayoría no sabía nadar todavía, y que las redacciones podrían salir con calidades muy dispares que van de lo bueno/aceptable a lo flojo/ilegible.


Con estos mimbres llegamos al día de hoy en mi clase de 5º y 6º de primaria.


Escogimos una de las redacciones dejando claro que todas, absolutamente todas, tenían cosas por mejorar, pero pregunté si alguien estaba interesado especialmente en revisar la suya para reescribirla de cabo a rabo y mejorarla. Fue precisamente un alumno muy consciente de sus dificultades para escribir correctamente (eso incluye ortografía, construcción de oraciones, puntuación, orden y lógica interna del relato) el que mostró un interés especial en "arreglar" su escrito, por lo que nos pusimos manos a la obra. Hice una fotocopia de esa redacción para que cada alumno la tuviera y, además, se hicieran también con una hoja (pautada), lista para ir escribiendo el resultado editado.


Paso a transcribiros (obviando solamente las faltas de ortografía, pero conservando palabras y signos de puntuación tal como fueron redactados) los fragmentos que pudimos cambiar hoy. Este es el fragmento que usé para mi modelaje y del que ya extrajimos varias ideas de cómo realizar esa revisión y edición:


LA LEYENDA DEL PERRO DE LOS BASKERVILLE

EL AÑO 1666

Había una vez, un nombre de cuyo nombre no quiero acordarme: un día estaba con sus amigos pero él quería a una mujer que era muy pero muy guapa era la hija de un criado de la casa de los Baskerville.


Ya veis que había mucho trabajo por delante.


Trabajo de modelaje y grupo-clase


Empezamos por el título. Esta fue, en resumen, la conversación:


ALBERT - Empezamos por el título: ¿Lo encontráis adecuado? ¿Veis alguna cosa que os resulte extraña o mejorable?


ALUMNO 1 - Sí, el primer título no pega con el segundo, se lee raro.


ALUMNO 2 - Sí, el título solo debería ser uno. Lo de "El año 1666" podría formar parte del texto, yo lo pondría nada más empezar donde dice "Había una vez en el año 1666..."


ALBERT (al redactor original del escrito) - ¿Estás de acuerdo? (Asiente) En este caso, ¿Cuál te parece que debería ser el título que escogiéramos de los dos?


ALUMNO REDACTOR - El de "La leyenda del perro de los Baskerville".


ALBERT - Magnífico, vamos a escribirlo en el encabezamiento. Podríamos sacar una primera ley: "El título solo puede ser uno".


LA LEYENDA DEL PERRO DE LOS BASKERVILLE


ALBERT - Bien, ¿nos quedamos con la idea de introducir lo del año 1666 en el principio, tal como dijo el alumno 2 antes?


ALUMNOS - ¡Sí!


En este punto me fue de perlas, solo empezar, explicar el concepto de "comas apositivas", un poderoso recurso de escritura que siempre favorece una buena expresión escrita. Las comas apositivas funcionan como sustitutas de los paréntesis y añaden información adicional en medio de una oración. Por ejemplo, puedo decir:


Messi marcó un gol.


Con las comas apositivas escribo:


Messi, el famoso jugador argentino, marcó un gol.


A partir de este ejemplo, hemos "jugado" con las comas apositivas con varios ejemplos. También aprovechamos para reír un poco haciendo una lectura expresiva de la oración resultante, consistente en enfatizar la oración principal y bajar el tono en la frase que corresponde a las comas apositivas. El concepto lo pillan enseguida, y es cuando los emplazo a que lo usen en la oración de entrada. Lo han hecho a la primera:


Había una vez, en el año 1666, un nombre de cuyo nombre no quiero acordarme.


Aquí se hicieron patentes dos cuestiones: la primera, es que la 1ª vez que se escribe la palabra "nombre" en esta oración, el alumno la confundió con "hombre" (cosa que cambiamos y que él mismo vio) con lo que la cosa quedó


Había una vez, en el año 1666, un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme.


La segunda cuestión hace referencia al uso textual del famoso principio del Quijote, obra (adaptada a su edad) a la que dedicamos el curso pasado un mes para disfrute y goce del alumnado, entre los que se encontraba el alumno redactor. Quizás creamos que hacer un uso tan flagrante del plagio no interesa en absoluto. Nada más lejos de la realidad. No solo constaté el impacto y poso que la inmortal obra de Cervantes dejó en ese alumno, sino que nunca fue más cierto aquello de elevarse a hombros de gigantes. Escribir es, primero de todo, copiar. Tener frases hechas u oraciones y expresiones memorizadas, libera la memoria de trabajo. El estilo, tu propio estilo y creatividad, son el vuelo libre de todos aquellos fundamentos y estilos, frases e ideas que otros escribieron antes. Sherlock Holmes y Cervantes... por favor, ¡esto es un dueto fantástico!


El resultado final, fruto de la reflexión conjunta dirigida, fue el siguiente:


LA LEYENDA DEL PERRO DE LOS BASKERVILLE


Había una vez, en el año 1666, un hombre de cuyo nombre no quiero acordarme. Un día estaba con sus amigos, pero él quería a una muchacha muy hermosa. Era la hija de un criado de la mansión de los Baskerville.


Reflexiones que salieron durante esta edición:


- Antes del "pero", suele ir una coma.

- Cambiamos la palabra "mujer" por "muchacha" (ver más abajo la explicación).

- Cambiamos la expresión "que era muy pero muy guapa", incorrecta, por "hermosa". A veces menos es más.

- Cambiamos la palabra "casa" por "mansión" (dando más contexto de riqueza a los Baskerville. Ver más abajo).

- Separamos ideas por puntos (Ver más abajo).


Ahora, por grupos


Una vez terminado este primer párrafo, habiendo hecho modelaje y trabajo con todo el grupo clase, llegó el siguiente paso de la tarde: Se trataba de distribuirse por grupos y que cada uno propusiera la mejora del siguiente párrafo, continuación del anterior:


¡La hija del criado! Su padre estaba cerrado en una pequeña habitación, había una cama y todo lo demás en un dormitorio. Entonces abajo cogieron a su padre lo cogieron lo tiran por una ventana solo había agua se cayó dentro salió por la cerca lo cogieron lo tiraron al fuego gritaba la mujer que estaba arriba lo sintió.


La media hora aproximadamente que se vino luego fue para grabar. Absolutamente todo el alumnado proponiendo entre ellos cuál era la mejor manera de reescribir esas oraciones y "repuntuarlas". Eso sí, siguiendo unas pautas que hemos recordado y que hemos ido introduciendo, de manera teórica, en sesiones anteriores. Era el momento de ponerlas en práctica y son:


1 - Pensar antes de escribir. Parece muy obvio, pero en general, los alumnos suelen empezar a escribir sin reflexionar en la manera en que lo están expresando sobre un papel. La coherencia y los signos de puntuación se resienten enormemente de ello. Y ahí entra un factor fundamental para quien esto escribe: la Belleza. Las palabras pueden emocionar. Escribir es algo más elevado que simplemente transcribir lo que uno dice. De ahí pasamos a la idea de...


2- Una idea, un punto. Me parece fundamental esta "segunda ley", en especial para alumnos con pocas habilidades de escritura. La oración es la parte más corta de una redacción y hay que asegurar su correcta escritura. Cuando dominen esa idea de que hay que evitar a toda costa la repetición de las "y" en oraciones interminables y las sustituyan por puntos, ya llegará el momento de introducir los famosos conectores para enlazar, si es necesario, dos oraciones independientes y formar una nueva. Una aplicación de ese segundo principio de Rosenshine.


3- Utilizar sinónimos "elevados". O lo que vendría a ser una variante del "Di lo mismo, pero mejor". Resulta casi mágico ver qué bien entienden este concepto esos niños y niñas de 10, 11 y 12 años. Escribir algo como

La chica era guapa


es más que correcto. Pero así es como lo diríamos de manera más bien oral. Escribir nos exige ir más allá (una vez más, la reflexión en busca de la Belleza):


La muchacha era bella/hermosa


Ante un adjetivo como "rápido" debemos reflexionar y buscar ese sinónimo "más elevado", en busca de esa Belleza: "veloz" es superior en ese aspecto, pero me di cuenta que eran perfectamente capaces en su gran mayoría de establecer una tercera gradación, todavía más elevada, con la palabra "raudo". Este sería un ejemplo previamente trabajado, junto a otros. Os podéis figurar las consecuencias: cada uno proponía una palabra o expresión más "elevada" que la anterior, en un juego de reflexión y escritura al que la mayoría nunca se había expuesto antes. El pique sano, no ya con sus compañeros, sino consigo mismos, ha dado frutos hermosos como los que podéis comprobar. El ejemplo en el texto se ha producido en una fantástica discusión dentro de uno de los grupos:


ALUMNO 1: Podríamos cambiar lo de "lo tiraron por la ventana".


ALUMNO 2: ¿Lo lanzaron por la ventana?


ALUMNO 3: ¿Lo arrojaron por la ventana?


Esa "escalada verbal" la han convertido en un juego natural en el que las palabras y expresiones eran los juguetes y ellos, niños y niñas jugando a combinarlas para expresarse de la mejor manera posible. El gritar se convirtió en chillar (por el matiz de dolor más intenso que han advertido en un personaje quemándose en las llamas, llamas que han pasado a ser ardientes porque intensificaba esa sensación de dolor).


4- Corregir problemas de coherencia interna del relato. Enseguida se dieron cuenta de que el padre, en el redactado original, estaba al principio encerrado en una habitación para luego ser cogido por unos hombres "abajo". Había que corregir eso y cada grupo propuso soluciones. Igualmente, el hecho de que el segundo párrafo empezara con la frase "¡La hija del criado!" creaba una reiteración innecesaria respecto al final del 1r párrafo que ya la nombraba como tal. Todos decidieron que simplemente sobraba y la desecharon.


5-Añadir adjetivos y conectores. ¿Qué decir de esta parte de la edición? Más tarde, y (bien usada) diminuta (una vez más, sustituyendo a la obvia pequeña), forzadamente, bruscamente, perversos (escalada desde malos y malvados), ardientes, chillaba, desesperadamente, gemidos. Palabras que CASI NUNCA O NUNCA usan en su día a día, hoy tomaron el protagonismo durante unas horas de su vida, sacándolas de la memoria a largo plazo y revitalizándolas. Es difícil explicar esta parte, porque solo se puede contar desde dentro del aula, pero a cada nuevo "hallazgo", los rostros se iban iluminando y contagiando la pasión a los compañeros más inactivos en la reflexión, que también han acabado jugando y ofreciendo lo mejor de sí mismos.


Una vez cada grupo entregó su párrafo corregido y mejorado, los leímos en voz alta para que ellos decidieran cuál era el que conseguía gustar más y, por tanto, estaba mejor escrito. Unanimidad en la decisión. Y habían textos buenísimos, dignos del notable alto. Pero la excelencia siempre destaca. Absolutamente todos vieron, escucharon, palparon la Belleza que buscamos toda la tarde. Este fue el resultado final del párrafo "ganador" trabajado por grupos:


Poco más que añadir. El próximo día, seguiremos con la edición. Solo un apunte final al respecto. Sabéis de la insistencia en este blog sobre el hecho de primar la profundidad en los contenidos antes que la cantidad. Durante el curso, tenemos dos opciones con la actividad de hacer redacciones: la primera sería la típica de hacerles escribir la redacción, corregirla nosotros y entregarla para que, en el mejor de los casos, la pasen a limpio. En una siguiente sesión, otra redacción más que se sumará a unas cuantas a lo largo del curso, sin haberse parado a trabajar grupal e individualmente en esa reflexión tan necesaria. La segunda opción es hacerles escribir una redacción y, a partir de un modelo X, trabajar la edición, reflexión y mejora de ella, primero grupalmente, más adelante de forma individual.


No puedo abstenerme de hacer un último comentario y tiene que ver con las pruebas de Competencias Básicas que algunos de mis alumnos afrontarán este curso, al igual que lo hicieron otros en años pasados. No es de recibo que para dos comprensiones lectoras y una redacción de 100 palabras cuenten con una sola hora de tiempo. Mientras que la redacción necesita de reflexión, la particularidad de esa prueba impide que el alumno medio consiga un resultado ni tan solo aceptable. No puedo más que dolerme porque la Belleza, una vez más, quede excluída de un proceso tan hermoso como es el de escribir para emocionar, llegar, atraer, convencer y, en definitiva, mejorar como personas.


*Si queréis una buena aproximación, basada en evidencias, sobre cómo atacar el trabajo de la expresión escrita en el aula, os recomiendo "The writing revolution" de Judith C. Hochman y Natalie Wexler.


PD: Este texto ha sido revisado, editado y reelaborado unas cuantas veces antes y después de su publicación. :)

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