• Efecto Mcguffin

EL EFECTO EASTWOOD

Actualizado: 25 abr

No sé si será por lo avanzado del curso y el cansancio inherente a él, o el hecho que durante estas pasadas vacaciones de Semana Santa he tenido tiempo de "vouyerizar" las redes sociales más de lo que puedo y suelo hacer, especialmente la red social del pajarito, que me dio la sensación que el nivel de exabrupto y condescendencia en el debate educativo se ha incrementado notablemente en los últimos tiempos. Ya no se trata de reaccionar por ver a alguien ajeno a la profesión lanzando opiniones sesgadas contra nuestro oficio por una u otra razón, sino la constatación de una guerra civil entre maestros y maestras que alcanza, en algunos momentos, picos de vergüenza ajena difíciles de soslayar. La vehemencia y cerrazón según en qué temas y términos no es aconsejable la mayor parte de las veces, y en temas educativos menos. Sirva este artículo absolutamente personal para dar mi opinión al respecto de algunos enfoques también personales, sin señalar a ningún modelo educativo concreto.


Cuando escuchamos Educación Basada en la Evidencia, no son pocos los maestros que creen haber hallado el Santo Grial que les dé las respuestas concretas que buscan, recetas sencillas y contundentes que conviertan en éxito la intervención educativa. La pregunta que más se nos suele hacer es “¿Pero esto funciona?”. La respuesta muchas veces dista mucho de satisfacer los anhelos de solucionar todo lo que tenemos en marcha dentro de un aula.


Permítanme la licencia de utilizar una metáfora para ilustrarlo.


Les hablaré de un término que se me ocurrió hace ya un tiempo, reflexionando sobre Educación informada en la investigación, después de una charla con Fátima García Doval @mininacheshire, un referente en nuestro país de este tipo de cuestiones. Lo bauticé como “el efecto Eastwood”. Y sí, tiene que ver con el famoso director y actor norteamericano. Me explicaré.


Soy un amante del cine clásico. Uno de mis directores favoritos es Clint Eastwood y una de sus mejores películas es, sin duda, “Sin perdón”.


En las películas de Eastwood, muchas veces el supuesto héroe es presentado como un ser con muchas taras personales, muchos defectos que lo convierten en un anti-héroe; a veces, el que supuestamente tendría que ser el villano de la función muestra un rostro humano y sensible que nos desarma. En “Sin perdón” Eastwood interpreta a William Munny, un ex-pistolero asesino a sueldo famoso por su pasado sangriento y su falta de escrúpulos. Ese es al menos su pasado, porque en la película es un viejo padre de familia viudo retirado con sus dos hijos en una granja en medio de la nada que se ve forzado por las circunstancias a aceptar un último trabajo, muy a su pesar. Él, técnicamente, debería ser el villano de la historia. Por el otro bando tenemos al maravilloso Gene Hackman interpretando el papel de Little Bill, el sheriff del pueblo donde Eastwood irá a realizar su trabajo. Little Bill, por el puesto que ocupa, es supuestamente el bueno de la historia, pero Eastwood nos lo muestra como una persona impredecible, cruel y arbitraria en su impartición de justicia. Por resumirlo, en esta película, como en muchas de Eastwood, ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Y a eso le llamo el efecto Eastwood, porque es justamente lo que en la Educación Guiada por la evidencia nos vamos a encontrar. Si tuviéramos que tomar una instantánea de cómo sería la foto de la EGE sería tal que así:




En los extremos, en blanco y negro bien definidas, una serie de cuestiones que sabemos que son sumamente eficaces la mayor parte de las veces y otras que no son nada eficaces o incluso contraproducentes la mayor parte del tiempo. En medio, un enorme océano de grises donde el contexto juega un papel fundamental. A eso le llamamos letra pequeña. Conocerla afina nuestro juicio y nuestra toma de decisiones. No es lo mismo hablar de un alumno de infantil que de un niño de 6º de primaria, o de 1º de Bachillerato. No es lo mismo un grupo grande que uno pequeño. No es lo mismo un entorno sociocultural alto que uno bajo. Cada una de estas premisas (y muchas otras), y su múltiple combinación en diferentes posiciones y gradaciones, condicionará los resultados de aprendizaje del alumno o el grupo de nuestra aula. En el magnífico libro de Juan Fernández, "Educar en la complejidad", se hace un excelente repaso a todas estas cuestiones. Por tanto, vamos a decirlo claro para que el debate se centre lo más posible en lo racional, huyendo de ataques personales que acaban como acaban, y apliquemos una primera ley: huyamos de las recetas infalibles en educación que dicen solucionarlo todo. No existen, o al menos, no las hemos hallado.


No esperemos a que llegue Eastwood a poner orden... (pongan el vídeo, es una escena prodigiosa de la historia del cine).




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