¿tienen los hombres un tipo diferente de cerebro que las mujeres?

Evidentemente, los hombres son diferentes a las mujeres; al menos, las diferencias físicas son observables. La gente también tiene todo tipo de ideas sobre las diferencias de género en el pensamiento. Algunas de estas ideas son claramente estereotipos, pero para otras las cosas están menos claras. La pregunta se reduce a esto: ¿existe el cerebro masculino y el cerebro femenino? Y si existen, ¿deberíamos tener en cuenta esas diferencias entre cerebros masculinos y femeninos en el aula?

 

Sabemos que los cerebros masculinos y femeninos difieren entre sí en términos de forma y función. En promedio, el cerebro masculino es más grande que el femenino. Este hecho llevó al famoso neurólogo Pierre-Paul Broca a asumir que los hombres deben ser más inteligentes que las mujeres (una afirmación que era socialmente aceptable durante la época de Broca en el siglo XIX). Además, el área del lenguaje en el cerebro femenino es, en general, más activa que la misma área en el cerebro masculino. Sin embargo, no está nada claro qué significan realmente en la práctica estas diferencias observables. Ya hemos visto que los niños y las niñas se desempeñan de manera diferente en diferentes materias (incluso hasta el punto de que las niñas demostraron ser mejores en todas las materias en un metaestudio de los resultados escolares durante los últimos 100 años), como las matemáticas, pero llegamos a la conclusión de que esto fue más el resultado de factores culturales que biológicos. En otras palabras, las diferencias observadas entre el rendimiento entre niños y niñas parecen no estar relacionadas con las diferencias cerebrales.

Hasta la fecha, no se ha ofrecido ninguna prueba empírica que demuestre que los niños y las niñas aprenden de manera diferente entre sí. Tampoco se ha demostrado científicamente que las mujeres sean mejores en la multitarea o que sus cerebros estén diseñados para comportarse de manera más empática. Ciertamente es cierto que las mujeres obtienen mejores puntajes que los hombres en las pruebas de empatía... ¡excepto en las pruebas en las que a los hombres se les dice que generalmente lo hacen mejor que las mujeres!

 

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge analizó muchos aspectos del cerebro de hombres y mujeres con el objetivo de mejorar el diagnóstico neuropsiquiátrico y el tratamiento final. Este gran metanálisis comparó los datos informados en 167 artículos (seleccionados de una pila gigante inicial de 5600 artículos relevantes). Aparte de las diferencias obvias, como el tamaño del cerebro, se encontraron diferencias en la amígdala (un área del cerebro involucrada en la memoria y la emoción) y el hipocampo (un área involucrada en el procesamiento de los recuerdos). Los investigadores señalan que no pueden predecir cómo las diferencias en las estructuras cerebrales influyen en el comportamiento real. Aunque las diferencias en la fisiología cerebral brindan una oprtunidad para ideas sobre las diferencias de género en el comportamiento, estas no están respaldadas por hechos.

 

La psicóloga británica Cordelia Fine nos advierte que estemos en guardia contra el “neurosexismo”. Al poner demasiado énfasis en las diferencias posibles pero infundadas entre los cerebros de hombres y mujeres, existe el riesgo de que creemos estereotipos sexuales nuevos y perjudiciales. Aunque el concepto de neurosexismo y el libro de Fine fueron fuertemente criticados por algunos neurocientíficos, ciertamente existe un consenso creciente de que existe una tendencia a enfatizar demasiado las diferencias basadas en el género. Tendemos a buscar y centrarnos en pequeñas diferencias entre dos grupos, mientras que subestimamos o incluso ignoramos las diferencias mucho mayores dentro de los grupos.

 

Si observamos las cosas en las que nuestro cerebro participa más activamente, no encontramos diferencias relevantes entre la forma en que hombres y mujeres observan el mundo, la forma en que aprenden cosas nuevas, la forma en que almacenan recuerdos o cómo se comunican entre sí. Un estudio de Janet Hyde ha arrojado nueva luz sobre este último aspecto, aunque sus conclusiones pueden estar en cierta medida matizadas por sus premisas básicas. Este es un tema general en la investigación sobre diferencias de género; A menudo es muy difícil distinguir entre opiniones y hechos. En su investigación, Hyde no buscó diferencias, sino similitudes entre hombres y mujeres. Por supuesto, pudo observar muchas similitudes. En consecuencia, pudo disipar algunas ideas clásicas sobre hombres y mujeres, al establecer que:

 

• Las mujeres realmente no hablan más que los hombres.

 

• Las mujeres solo revelan marginalmente más detalles personales sobre sí mismas que los hombres.

 

• Hombres y mujeres son igualmente capaces de interrumpir; esto es en gran parte una cuestión de estatus social: si la mujer tiene el liderazgo, estará más inclinada a entrometerse.

 

Como ya hemos dicho, en la práctica hay más diferencias dentro de los sexos que entre los sexos. Pero este hecho implica que la afirmación de que la educación diferenciada por sexos será más eficaz que la educación mixta es incorrecta. Sí, los cerebros de los niños y las niñas son diferentes en algunos aspectos, pero hay más similitudes que diferencias. No se deben utilizar estas diferencias como argumento.

 

OTROS ARTÍCULOS DE GRAN INTERÉS SOBRE CEREBROS MASCULINO Y FEMENINO: 

 

EL CEREBRO Y EL SEXO de José Ramón Alonso

 

BIBLIOGRAFIA:

1. Bruyckere, Pedro De; Kirschner, Paul A.; Hulshof, Casper D.. Urban Myths about Learning and Education (pp. 113-115). Elsevier Science.

2. Fine C. Delusions of gender: How our minds, society, and neurosexism create difference New York: W.W. Norton; 2010.

3. Hyde JS. The gender similarities hypothesis. American Psychologist. 2005;60:581–592.

4. Ruigrok ANV, Gholamreza S-K, Meng-Chuan L, et al. A meta-analysis of sex differences in human brain structure. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. 2014;39:34–50.

5. Voyer D, Voyer SD. Gender differences in scholastic achievement: A meta-analysis. Psychological Bulletin. 2014;140:1174–1204.

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