EL EFECTO MOZART

Hay mitos cuyo origen se remonta a tiempos lejanos y su nacimiento exacto puede llegar a ser confuso, cuando no directamente imposible de fechar. Aunque conocer su comienzo ayuda a contextualizar muchas veces el porqué se abonó tal creencia, su perdurabilidad en el tiempo es lo que sigue llevando de cabeza a los cazadores de esos mitos que, una y otra vez, resurgen a pesar de la ingente cantidad de pruebas en su contra. Con el Efecto Mozart tenemos fecha de origen, artículo fundacional, marketing y (¡increíble por una vez!) disculpas.

 

En 1993, se publicó un artículo influyente en la revista científica Nature. Los investigadores, de la Universidad de California, afirmaron que después de escuchar solo 10 minutos una sonata para piano de Mozart (K448), un grupo de estudiantes universitarios pudo realizar una serie de pruebas de razonamiento espacial, como parte de la prueba de inteligencia estándar Stanford-Binet. Los resultados arrojaron el dato que ese grupo realizó la prueba notablemente mejor que un grupo de control que reprodujo una cinta de música relajante "ordinaria", fuera la que fuese. De esos datos se dedujo automáticamente que escuchar a Mozart podría elevar temporalmente el coeficiente intelectual general en 8 o 9 puntos. A este hallazgo, de gran popularidad mediática en los 90, se le bautizó con el nombre de "efecto Mozart". Tal fue el éxito, que la industria se puso a producir a tutiplén CD's de Mozart para bebés, de los que seguro te has encontrado alguna vez:

 

 

Si persistes en hallarlos, hay mucho material más por internet a día de hoy bajo la frase "Música estimulante para el cerebro de tu bebé". 

 

En 1998, el gobernador de Georgia incluso reservó 105.000 dólares del presupuesto estatal para proporcionar a todos los niños nacidos en el estado de Georgia (aproximadamente 100.000 por año) una cinta o CD de música clásica.

 

A pesar de los buenos resultados en la prueba relatada al principio, los medios exageraron las conclusiones de los investigadores y se dejaron, una vez más, la letra pequeña por el camino. ¿Y que nos dice esa letra pequeña? Lo primero, que la mejora solo se experimentó inmediatamente después de la ejecución de la sonata de Mozart y el efecto duró un tiempo muy breve. Nunca se afirmó que este efecto fuera duradero.

 

A pesar de ello, el efecto Mozart no se ha ninguneado por parte de la investigación y durante estas dos/tres últimas décadas se han realizado múltiples estudios acerca de éste, intentando replicar el efecto. Algunas veces lo han conseguido. Una vez más, hay que añadir más letra pequeña al asunto: escuchar a Bach resultó igualmente efectivo. Una investigación de Versna Ivanov y John Geake proporcionó evidencia sobre el hecho que cualquier tipo de música que nos guste personalmente puede tener un efecto mayor que escuchar a Mozart.

 

Algunos estudios han hallado que escuchar el trabajo de Mozart puede aumentar temporalmente las habilidades cognitivas. Otros estudios no han encontrado un "efecto Mozart" estadísticamente significativo. Lo que no se ha podido impedir es que muchas empresas hagan su particular agosto a partir de esa idea tan reconfortante como es la de hacer a tu hijo/a inteligente con solo ponerle música clásica. Como siempre, la pseudociencia ofrece auténticos chollos a precio de ganga.

 

A pesar de todo, una empresa tuvo que reembolsar a muchos padres descontentos, admitiendo que sus productos habían sido comercializados de manera inadecuada como "educativos": ni más ni menos que la todopoderosa Disney. Todo fue debido a un estudio de Zimmerman, Christakis y Meltzoff que en 2007 causó bastante revuelo también a nivel mediático: resulta que los famosos "Baby Einstein" no solo no mejoraban la inteligencia de los bebés, sino que... ¡en algunos casos empeoraban la habilidad del lenguaje de esos niños y niñas! A pesar que estas conclusiones tan "escandalosas" fueron posteriormente puestas en duda por otras investigaciones posteriores, el mal ya estaba hecho, al menos para Disney. Hubo marcha atrás en la comercialización de ese disparate.

 

Por concluir, es lícito pensar si la música, así en general, tiene algún efecto positivo en el cerebro. Pues bien, practicar y tocar un instrumento sí lo hace y cualquier adulto expuesto a un entrenamiento musical en edad temprana tiene ventajas, a saber:

 

                   - Experimentan menos dificultades para comprender el habla, incluso en entornos con mucho bullicio. 

 

                   - Incluso si llevan décadas sin tocar ningún instrumento, si lo hicieron de pequeños, su procesamiento neuronal de                                    los sonidos mejora respecto a personas que no practicaron música de pequeños.

Escuchen Mozart si quieren. Sin duda, es una propuesta beneficiosa en muchos sentidos, sobre todo de índole cultural. Pero mejor animen a sus hijos a tocar su propio instrumento y crear música.  Eso sí puede marcar la diferencia. Y no, el reguetón no vale.

 

OTROS ARTÍCULOS DE GRAN INTERÉS SOBRE EL EFECTO MOZART: 

 

EL MITO DEL EFECTO MOZART de José Ramón Alonso

¿QUÉ ÉS EL EFECTO MOZART? ¿NOS HACE MÁS INTELIGENTES? de Alex Figueroba

BIBLIOGRAFIA:

1. Bruyckere, Pedro De; Kirschner, Paul A.; Hulshof, Casper D.. Urban Myths about Learning and Education (pp. 118-120). Elsevier Science.

2. Dana Foundation, 2009 Dana Foundation Neuroeducation: Learning, arts, and the brain, Dana Press, New York (2009)

3. Ferguson and Donnellan, 2014 C.J. Ferguson, M.B. Donnellan Is the association between children's baby video viewing and poor language development robust? A reanalysis of Zimmerman, Christakis, and Meltzoff (2007) Developmental Psychology, 50 (1) (2014), pp. 129–137

4. Ivanov and Geake, 2003 V.K. Ivanov, J.G. Geake The Mozart effect and primary school children Psychology of Music, 31 (4) (2003), pp. 405–413

5. Lerch and Anderson, 2000 Lerch, D., & Anderson, T. (2000). The Mozart effect: A closer look. Retrieved June 14, 2014, from http://lrs.ed.uiuc.edu/students/lerch1/edpsy/mozart_effect.html.

6. Lilienfeld, 2010 S.O. Lilienfeld 50 great myths of popular psychology: Shattering widespread misconceptions about human behavior, Wiley-Blackwell, Chichester, UK (2010)

7. Mehr et al., 2013 S.A. Mehr, A. Schachner, R.C. Katz, E.S. Spelke Two randomized trials provide no consistent evidence for nonmusical cognitive benefits of brief preschool music enrichment PloS ONE, 8 (12) (2013), p. e82007

8. Rauscher et al., 1993 F.H. Rauscher, G.L. Shaw, K.N. Ky Music and spatial task performance Nature, 365 (1993), p. 6447

9. Sack, 1998 Sack, K. (1998). Georgia’s governor seeks musical start for babies. Retrieved from https://www.nytimes.com/1998/01/15/us/georgia-s-governor-seeks-musical-start-for-babies.html.

10. White-Schwoch et al., 2013 T. White-Schwoch, K. Woodruff Carr, S. Anderson, D.L. Strait, N. Kraus Older adults benefit from music training early in life: Biological evidence for long-term training-driven plasticity Journal of Neuroscience, 33 (45) (2013), pp. 17667–17674

11. Zimmerman et al., 2007 F.J. Zimmerman, D.A. Christakis, A.N. Meltzoff Associations between media viewing and language development in children under age 2 years Journal of Pediatrics, 151 (4) (2007), pp. 364–368

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